domingo 11 de septiembre de 2011

Red Social a pie de calle





Me gusta la gente que va ensimismada por la calle, pensando en sus cosas, y tan absortas que sin darse cuenta acaban hablando solas.

Siempre se ha dicho que hablar solo es de locos, pero yo no lo creo. A veces es bueno oír los propios pensamientos en voz alta y terminar así de ver claro lo que tanto nos preocupa, o disfrutar aún más de las emociones que nos provocan euforia simplemente escuchándolas salir de nuestra boca. Porque con voz todo es diferente. Con voz nos convertimos en actores y espectadores al mismo tiempo de todo lo que pasa por nuestra cabeza, y hacemos también partícipes a los demás de ello, a veces involuntariamente.

No está loco el que, mirando el reloj y apurando el paso, suelta aquello de “¡uff, que tarde es ya!”, y nos deja al resto de transeúntes con la intriga de para qué será tarde. Tampoco está loca la que, recogiendo los productos de la compra exclama eso de “¡si ya sabía yo que esta bolsa iba a acabar rompiéndose!”, y hace que nos preguntemos por qué no utilizó doble bolsa o repartió la carga entre varias. Sin darse cuenta, nos dejan acercarnos un poquito a sus vidas cotidianas. Con una sola frase lanzada de manera espontánea se revelan entre la multitud, destacando del resto de transeúntes, y nos proponen sin saberlo jugar a imaginar sus vidas.

Hablar solo no significa estar solo. Hablar solo significa conocerse a uno mismo poco a poco. Porque no siempre acabamos prestando atención a lo que pensamos, o lo hacemos de forma tan fugaz que ni siquiera lo recordamos al instante siguiente. Expresando en voz alta los pensamientos le damos dimensión a nuestras reflexiones: las dotamos de espacio y tiempo.

Me gusta observar a la gente que habla sola porque así me convierto en la receptora casual de un mensaje improvisado, pero no por ello ausente de significado. Lo que parece un acto espontáneo ante el que muchos se sienten avergonzados al ser descubiertos, no deja de ser un ejemplo más de comunicación. Emisor, receptor, y mensaje se convierten en protagonistas sin saberlo de una historia en las que vidas anónimas se entrecruzan.

Por eso, además, yo también seguiré hablando sola, lanzando mensajes en botellas como una náufraga en la corriente de transeúntes ensimismados, y compartiendo así sin pretenderlo un pedacito de mí con el resto de integrantes de esta red social a pie de calle.

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